¿Cómo sería asistir a tu propio funeral?

 In Coaching, REALITY
Por Pol Fages

(Este post ha sido escrito al mismo tiempo que otro post llamado «los saboteadores se hacen ricos«, haciendo cambio cada 10 minutos)

Todos hemos ido a un funeral, un entierro o a la despedida de un ser querido. Por mucho que pese, es ley de vida (o de muerte) y como norma social los humanos hemos creado una tipo de ritual (como especie, el tema rituales no lo llevamos mal).

 Apuesto a que muchos de nosotros nos hemos hecho la pregunta, ¿Cuando me muera, quien vendrá a mi funeral? ¿Como van a reaccionar ? ¿Que tipo de ceremonia se hará? ¿Respetarán aquello dicho en vida? Etc. Un séquito real de cuestiones nos vienen a la mente al pensar que sucederá despúes de nuestra muerte.

 Mi reflexión es la siguiente. Cada uno de nosotros va a gestionar todos los duelos que la vida le traiga y los demás haran el nuestro cuando nos toque irnos de viaje interestelar. Pero … ¿Y nuestro auto-duelo? . Por definición parece que la misma palabra lo hace imposible porque no tendremos conciencia para llevarlo a cabo (ni pensamientos, ni palabras, ni juicios, etc.)

Mi pregunta es la siguiente: ¿ Y si pudiéramos hacerlo en vida?

 «Un sol tímido se asoma en la niebla matutina y nadie en principio lo celebra, solo el canto de los gorriones en forma de silbidos dan la bienvenida al nuevo día. Desde los árboles vislumbran la llegada de decenas de personas con un mismo anhelo, hoy sí, despedirte para «siempre». Todo está preparado, el ataúd semi abierto, el cura, las sillas de madera, el negro como color estrella, la social necesidad de tristeza y … Una cámara (sí, una cámara). Suena una de tus canciones preferidas. Tu tía abuela rompe el silencio con su llanto desesperado y cálido a la vez,  y cómo una ola de mar que se expande, contagia a los demás;  tu papá, tu mamá, tus hermanos, tu pareja, tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus colegas de la uni, tus, tu, tus, tu, tu, TÚ, hasta que a ti también se te nublan tus córneas. Después viene el momento esperado, algunos de los asistentes a tu fiesta se acercan para despedirse dónde tu reposas, dentro de esa caja hecha a medida».

Posiblemente sea uno de los momentos más íntimos que compartas con cada uno de ellos, íntimo y último, y todo lo que suceda en ese metro y medio de separación será un secreto que solo sabréis vosotros.  ¿No te gustaría saberlo? ¿Qué cambiaríais siendo consciente de todos esos pensamientos? ¿Qué les dirías si pudieses?Muchos de esos mensajes inician el principio del duelo personal y terapéutico, proceso que ayuda a cerrar círculos abiertos y cuadros inacabados.

Os invito a identificar aquellas cosas que diríamos a las personas con los ojos cerrados y que algo nos impide expresar cuando los tenemos abiertos.

Repito y recuerdo, ¿ Y si pudieras hacer un auto-duelo en vida?

En una vida de 80 años cambiamos de conexiones neuronales en cada experiencia distinta. Saca la calculadora. Teniendo en cuenta que esas conexiones nos hacen ser como somos, podemos decir que vamos cambiando continuamente. Ese cambio continuo es difícil de aceptar cuando estamos acostumbrados a que cuanto más estable y predecible es todo, mejor, ya que nos ayuda a sobrevivir como individuos. Solo en determinados periodos de nuestra existencia nos damos cuenta que ha habido un cambio significativo, un cambio de calidad, textura y sonido. En esos momentos es cuando el auto-duelo tiene su razón de ser y  es cuando nos podemos decir todas esas frases íntimas a nosotros mismos y a los que nos rodean, aceptando así soltar el ‘yo viejo‘ dejando espacio a un ‘yo joven y más sabio‘.

 

«Los seres humanos somos obras en curso, y por error pensamos que estamos completos»

Dan Guilbert

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